Como sacerdote, yo tuve muy pronto una gran prueba interior. Que duró veinticinco años. Fui a hacer un retiro a Châteauneuf-de-Galaure, esencialmente para encontrar a Marthe Robín quien me recibió muy bien. Ella me dijo algunas palabras a propósito de mi prueba, unas palabras profundas, unas palabras de fe, muy afirmativas y reconfortantes sobre mi vida sacerdotal. Yo pensé en conciencia, que debía hacer desde este momento y en el futuro, un acto de fe en lo que ella me decía, en esas pocas palabras. Fue así como mi gran prueba terminó.
Un sacerdote
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